Lengua visigodos

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Apuntes de El Ponderal 2: 34-38

¿Qué lengua hablaban los aldeanos visigodos de Hoyo? 

Teresa Hernández Ramos. Filóloga hispanista

Los visigodos tenían una lengua propia, germánica. Sin embargo, terminaron hablando latín, como los hispanorromanos que vivían aquí. Y al final la lengua gótica desapareció.

En la época de la aldea visigoda de La Cabilda, los habitantes hablaban un latín vulgar que con el tiempo evolucionaría al castellano. A pesar de eso, han sobrevivido restos de esa lengua germánica incluso hasta nuestros días.

Situación histórica: la lengua gótica

Los visigodos llegaron a la península ibérica a principios del siglo VI. No vinieron en gran número; se calcula que po-dían ser unos 200.000. La región donde se asentaron sobre todo fue la meseta castellana: desde el norte de Palencia y Burgos hasta Soria, la Alcarria, Madrid, Toledo y la actual provincia de Segovia.

Al principio evitaron mezclarse con quienes vivían aquí; estaban prohibidos los matrimonios mixtos; mantenían su religión —eran arrianos—, mientras que los hispanorromanos eran católicos. Hasta tal punto rehuían la convivencia los dos pueblos que se agruparon en núcleos diferentes.

Sin embargo, cuando el rey Recaredo, y todo el pueblo godo, se convierte oficialmente al cristianismo en 589 en el III Concilio de Toledo, la situación comienza a cambiar. Unos años después, en el año 655, se produce la unificación jurídica para los individuos de ambas procedencias.

Los visigodos, junto a los ostrogodos de Italia, hablaban gótico, la lengua germánica más antigua de la que se tiene constancia, y de la que no se ha derivado ninguna otra lengua. Pero a pesar de poseer su propia lengua no la impusieron aquí. Ocurrió lo contrario: como habían mantenido con los romanos un contacto de siglos, y eran mucho menos numerosos que los habitantes hispanos, que hablaban latín, al final acabaron abandonando el uso de su lengua. Así, en el siglo VII -época en la que se calcula que vivieron aproximadamente los aldeanos visigodos de Hoyo- el gótico se hallaba en plena descomposición y no sobrevivió en España más allá del siglo VIII.

En cuanto al latín en la época de los visigodos, era relativamente uniforme. Será después, cuando llegue el Islam a partir de 711, cuando se empezará a producir la fragmentación lingüística de la Romania.

Pero a pesar de esa homogeneidad, en estos momentos cuenta ya con variaciones sociolingüísticas, con pequeñas diferencias que son un primer indicio de lo que con el tiempo se irá convirtiendo en el castellano.

Codex Argentus
Codex Argenteus. Biblia en idioma gótico.

Estudio de la lengua oral a partir de fuentes escritas

Los textos que se han conservado de la época, como las leyes, fueron redactados por eruditos que escribían en un latín culto, así que no reflejan la lengua hablada.

Sin embargo, podemos llegar a conocer algo de la lengua oral, por medio de tres vías. En primer lugar, palabras que se colaron en el latín y que han permanecido hasta nuestros días (topónimos, antropónimos, sustantivos comunes). En segundo lugar, interpretación de 160 pizarras que se han ido encontrando por la meseta castellana y que están escritas en un latín vulgar, por lo que dan una idea de cómo se pronunciaba. Por último, los escritos de san Isidoro, que vivió del año 560 al 636 y que en sus obras hace referencias al habla vulgar.

Palabras que han sobrevivido hasta nuestros días

Según los expertos, los términos góticos que han sobrevivido en el español estaban ya incorporados al latín vulgar, es decir, que llegaron a la península latinizados ya.

Hay que tener en cuenta que germánicos y romanos habían mantenido estrechas relaciones entre los siglos I y IV, lo que provocó un intercambio de palabras. Así, igual que los germanos tomaron del latín términos del comercio, agricultura, derecho, etc. también traspasaron a los romanos términos suyos: por ejemplo, Roma importaba del norte el jabón, cuya fabricación desconocía. Al ser algo nuevo para ellos, adoptaron el nombre. La nobleza germana se dedicaba en gran medida a las armas. No es extraño que haya llegado hasta nosotros la palabra “guerra”.

Otros términos góticos que han llegado hasta el español de hoy son: espía, falda, ganso, guardia, parra, ropa, yelmo.

En cuanto a antropónimos, hay un buen número de nombres de origen visigodo: Adolfo, Alfonso, Álvaro, Elvira, Fernando, Gonzalo, Ramiro, Rodrigo, Rosendo.

En la toponimia también se conservan fosilizados muchos restos de onomástica visigoda: las villas tomaban el nombre de su poseedor, indicado en genitivo latino. Por ejemplo, Mondáriz. A veces, se formaba el nombre del lugar juntando un nombre común latino con uno propio visigodo. Es el caso de Villasandino. (Por cierto, como curiosidad, en Hoyo de Manzanares vive una familia que se apellida Sandino).

Pizarras, reflejo del nivel cultural de los ámbitos rurales de la Hispania visigoda

A lo largo del siglo XX han ido apareciendo un buen número de pizarras escritas de época visigoda que no se han comenzado a estudiar detalladamente hasta hace pocos años. Constituyen un conjunto de enorme importancia para analizar cómo era y cómo hablaba la sociedad del siglo VII. Muchas de ellas se encontraron en un pueblo que se llama Diego Álvaro, y se encuentran actualmente en el Museo de Ávila.

Por lo que se ha visto, en la época visigótica se concedía mucha importancia al documento escrito en el terreno jurídico; las leyes que se han conservado ofrecen testimonios de que se utilizaban frecuentemente documentos para las tres formas de transacción principales: venta, intercambio, donación.

Los documentos jurídicos reflejan, a su vez, que la población que vivió en esos lugares debió tener una cierta autoridad económica, suficiente como para generar este tipo de escritos.

Pero la pizarra como instrumento de fácil esgrafiado, sencillo y barato, se usaba también para otros cometidos. De hecho, algunas de las pizarras que se han conservado tienen un carácter claramente escolar. No es extraño que se usara en las escuelas en zonas donde se da en abundancia la pizarra. Hay que tener en cuenta que lo costoso del pergamino y su laboriosa preparación hacían que este quedara reservado para el maestro y otros usos como documentos oficiales. Según parece, la instrucción elemental debió estar bastante extendida en la Hispania visigótica. Algunas pizarras muestran algunos aspectos del sistema educativo de las escuelas: se aprendía lectura, escritura y se memorizaban salmos.

Pero el contenido de las pizarras también incluye: inventarios de bienes, listas de nombres de personas, pruebas documentales.

La forma de economía básica era la agricultura. La actividad agrícola se basaba sobre todo en la explotación de las tierras, de grandes propiedades divisibles (o divididas) de los aristócratas propietarios (domini), que eran trabajadas en parte por esclavos (serui, ancillae, mancipia) que cultivaban las zonas reservadas del señor, en parte por diversas clases de campesinos (rustici), que, posiblemente con diferentes grados de dependencia con respecto a los propietarios, explota-rían autónomamente parcelas de esas tierras a cambio de prestaciones en especie y de trabajos personales.

La gran propiedad se basaba no solo en la magnitud del terreno sino también en la fuerza humana con que contaba para su explotación.

Así pues, había grandes propiedades que eran la clave de la economía rural agropecuaria pero también existían explotaciones reducidas y medianas y, por tanto, pequeños propietarios libres.

Este mundo rural y esa sociedad de economía agropecuaria es la que se muestra en las pizarras. En la pizarra 40, Gregorio, un propietario, vende una parcela a su sobrino Desiderio; en la pizarra 54, Simplicio y Matratio deben pagar ciertas cabezas de ganado y trigo a su dominus. Otras recogen un elenco de nombres de campesinos (siervos o no). En la pizarra 103 un tal Paulo aconseja a un tal Faustino que obligue a sus esclavos a que le juren que no van a actuar fraudulentamente contra él.

Parece que en esa realidad cotidiana no necesitaban manejar moneda para las transacciones y pagos. Por lo que se aprecia, predomina el pago en especie y este se tasa en unidades de capacidad como sextarios de trigo u otros productos.

Pues bien: el estudio lingüístico de estas pizarras ha llegado a la conclusión de que estas pizarras, escritas en latín, incluyen ya toda una serie de vulgarismos. Así, que se escriban sin “h” palabras que deberían llevarla, o que se pierda la “-m” de final de palabra (por confusión de casos) muestra que la pronunciación de quien escribe ya no es la del latín culto.

También se observa que el orden de las frases comienza a ser sujeto-verbo-complemento, que es el que predomina después pero que no es característico del latín.

Pizarra visigoda
Pizarra visigoda de Diego Álvaro. Museo Arqueológico Nacional. Fotografía de Asqueladd (Commons Wikipedia)

Las Etimologías de San Isidoro

En las Etimologías, obra en la que intentó resumir todo el conocimiento antiguo y guardarlo para la posteridad, San Isidoro explica el origen y el significado de muchas palabras, basándose en muchas fuentes diferentes. Gracias a eso podemos conocer retazos de la misma lengua viva de esta época. Las explicaciones que da a la etimología de algunos términos revelan usos léxicos que luego permanecerán en las lenguas romances, neologismos cuyos herederos en estas lenguas manifiestan su vigencia y valor en el siglo VII. Podrían citarse muchos ejemplos.

Así, cuando Isidoro explica por qué se dice “cattus”, junto a “musio”, para designar al ‘gato’, asegura que se dice así “porque cata, esto es ve” (quia cattat, id est uidet), haciendo referencia a que los gatos ven de noche. La etimología es falsa; “cattus” es una palabra extranjera, que penetra en latín hacia el siglo V, pero la constatación de que existe un verbo cattare (en realidad derivado de la pronunciación vulgar de capta-re, capturar) con el significado de ‘ver’, muestra que tal acepción, plenamente recogida en castellano desde antiguo, ya existe en el latín hablado del siglo VII y supone una innovación léxica y semántica, dentro de la lengua.

Otra teoría

Una nueva corriente lingüística, iniciada por Yves Cortez, defiende la teoría de que en realidad, el latín fue impuesto como lengua oficial (para culto, para documentos) pero que la población nunca dejó de hablar su propia lengua. De ser cierta esta hipótesis (que tiene bastante fundamento científico aunque no se ha investigado demasiado) los hispanorromanos -y posiblemente los pocos visigodos que vinieron a vivir aquí- continuaron hablando una lengua más antigua que el latín: el ibérico.

Esta dualidad lengua escrita-lengua hablada, no es descabellada. Se ha dado tanto antiguamente como hoy en día. Por ejemplo, en los tiempos de Jesucristo, en la Judea-Galilea-Samaria antigua, se hablaba en arameo, pero se escribía en hebreo. En el norte de África, en el Magreb de hoy, se hablan dialectos del árabe, pero se escribe en francés y en árabe clásico.

Agradecimientos

Gracias a Susana de la Peña y a Pablo Juanes por ayudarme a conseguir un libro descatalogado.

Bibliografía

Gómez Osuna, R; García Aragón, E.; Colmenarejo García, F.; Pozuelo Ruano, A.; Gimeno Pascual, H. (2016) “Dos anillos tardo antiguos con inscripción encontrados en la Sierra Madrileña”, Sylloge Epigraphica Barcinonensis (SEBarc) XIV : 267-277

Lapesa, R. (1985) Historia de la lengua española. Biblioteca Románica Hispánica, Gredos.

Velázquez Soriano, I. (2004) Las pizarras visigodas (Entre el latín y su disgregación. La lengua hablada en Hispania, siglos VI-VIII). Real Academia Española, Fundación Instituto Castellano y Leonés de la Lengua. Colección Beltenebros 8.

Velázquez Soriano, I.  Latine dicitur, vulgo vocant. Aspectos de la lengua escrita y hablada en las obras gramaticales de Isidoro de Sevilla. Fundación San Millán de la Cogolla.