Canteros y canteras

Apuntes de El Ponderal 1: 33-41

Canteros y canteras

Gloria Tena González. Asociación Cultural El Ponderal

Hoyo de Manzanares, enclavado en la Cuenca Alta del Manzanares, impresiona por su paisaje agreste y pedregoso. Las canteras, diseminadas por todo su término, dejan un paisaje que conjuga vegetación y roca que da identidad propia a la localidad. Esas formaciones graníticas, originadas hace entre 380 y 280 millones de años, se convirtieron en el medio de vida de sus vecinos. Tanto directa como indirectamente ocupó a un nutrido número de obreros de Hoyo y de otros puntos de España y de Portugal, que se especializaron en todo lo relativo a la piedra: cortadores, labrantes, operarios de explosivos, transportistas, etc., en unas ocasiones como su actividad principal, en otras como complemento a actividades agrícolas, ganaderas, o de la construcción. Comentan los canteros Eulogio y Julio que “después del trabajo en la cantera, íbamos a poner lazos para cazar conejos y por la mañana volvíamos a ver si habían caído”.

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Cantera de granito de Navallera, abandonada desde que en 1985 se prohíbe la extracción de piedra en el Parque Regional de la Cuenca Alta del Río Manzanares. Gloria Tena

Hasta mediados del siglo XX la explotación de la piedra en Hoyo fue una actividad tan importante que formó una industria local que daba trabajo al 60% de los vecinos, y la extracción fue tan intensa que, en palabras de Eulogio, “en el Picazo quedaban unas enormes marcas en el monte que cuando daba el sol hacía daño a la vista”. Incluso transformó el paisaje debido a los desmontes que hicieron las empresas extractoras, surgiendo lomas donde antaño había una planicie. Este efecto quedó patente también en las especies vegetales que nacieron en los bordes o en el interior de la propia cantera, debido a la humedad y al agua que quedaba en el hueco de la excavación. Así, prendieron semillas de plantas propias de ambientes húmedos como las bardagueras, el nombre con el que en Hoyo de Manzanares se conoce al sauce ceniciento (Salix cinérea).

La cantería fue una profesión de hombres. En palabras de los canteros “las mujeres aunque no participaban directamente en el  trabajo, iban todos los días a la cantera a llevar la comida al marido”. El oficio era familiar, pasaba de padres a hijos, no se elegía, porque las posibilidades de trabajo en el pueblo eran escasas. El oficio se aprendía en la propia cantera, comenzando de pinche, que era el encargado de llevar las herramientas a arreglar a la fragua. En los ratos libres, los pinches empezaban a trabajar la piedra y así iban formándose.

Los canteros comenzaban a trabajar con edad temprana, habitualmente con 14 o 15 años o incluso antes, como Julio,  que comenzó con 11 años. Tan temprano inicio les permitía llegar a ser expertos canteros siendo muy jóvenes. Es el caso de Felipe, que con 17 años ya era oficial y con 19 ajustaba las obras al maestro (negociaba su precio) para hacerlas con sus compañeros.

La jornada laboral era larga y dura, de sol a sol. “En verano con 35º la herramienta se ponía al rojo y no se podía agarrar”, comenta Eulogio. Todo el trabajo en la cantera se hacía de forma manual, ayudados por rudimentarias herramientas y animales para el transporte, la yunta de bueyes, las carretas y posteriormente, con la mecanización, los camiones. Comenta Felipe que “las herramientas grandes de la cantería eran propiedad del patrón, pero las pequeñas eran particulares, cada uno tenía las suyas”.

La vida social de los canteros era importante. Los asuntos de la cantería se resolvían en el Bar  la Peña, situado en la actual calle de Juan Carlos I, que era el centro de reunión donde se cerraban los tratos tomando un vino, o bien en la Fragua, que hasta los años 70 estuvo detrás de la plaza. Comentan Julio y Eulogio que, “el herrero era analfabeto pero un artista”, arreglaba las herramientas de los canteros, tenía un fuelle enorme con el que calentaba los punteros. Corría el dicho “día de agua, taberna o fragua”.

Expertos en el oficio

Ellos sabían distinguir la piedra de buen grano o malo. Coloquialmente decían de la buena “que limpia bien”. Comenta Eulogio que “en la provincia de Madrid la mejor piedra estaba en otras localidades; Alpedrete, Cadalso de los Vidrios (que tenía una piedra llamada blanco cristal, de un grano muy fino y de mayor blancura), o La Cabrera, pero Hoyo estaba más cerca de Madrid, por lo que su piedra era más buscada.

El trabajo en la cantera exigía seguir un riguroso orden, desde elegir la cantera hasta colocar la piedra en la obra. Conocer cómo se corta la piedra era parte esencial del trabajo. En palabras de Felipe en la Sierra de Hoyo de Manzanares “la piedra tiene tres manos, a Levante o la Ley de la piedra, es como mejor corta, de Este a Oeste o mano buena y de Norte a Sur o Tronce, que es la mano mala para el corte”. Los canteros reconocían al tacto cual era el corte adecuado.

Trabajar en equipo era fundamental. Para mover las grandes piedras y cargar los bloques en los camiones se necesitaban dos o tres personas, a veces se pedía ayuda a obreros de otras minas o canteras “porque todo se hacía con la fuerza humana”, comenta Felipe.

Para explotar las grandes rocas se usaba la dinamita en dos modalidades: la dinamita negra y la goma-2. Para cortarla, la pólvora y el detonador. Los explosivos, dicen Julio y Eulogio, “no se los daban a cualquiera, tenías que tener una conducta impecable. Los daba la Guardia Civil en Alpedrete, bajo un permiso especial”.

En muchas de estas canteras, se aprecian los huecos de los barrenos con los que explotaron la piedra, en otras, las quemaduras de la explosión, las cuñeras y los cortes que hicieron los canteros en las piedras.

El oficio de cantero tenía su jerarquía y especialización, lo que influía en la responsabilidad y en el jornal de cada uno de ellos: el  Maestro, el Oficial, el Cantero, el Labrante, el Mampostero,  y el Peón. Comentan los canteros que en Hoyo había especialistas en trabajos muy refinados, caso de Julio, Ángel y Donato, entre otros y que el jornal en los años 1950-55 se pagaba por horas. El maestro cobraba 6,50 pts., 6 el labrante y 2 el pinche.

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A la izquierda: huellas de cuñeras utilizadas para quebrar la piedra. Antonio Tenorio

Cuenta Felipe que “la mampostería hasta los años 70 se colocaba en seco, porque cumplía una función termorreguladora, haciendo que las casas fueran más frescas en verano y más calientes en invierno. A partir de esa fecha se usó el cemento para unir las piedras de los muros”.

El trabajo del cantero era meticuloso, había de servirse de herramientas como el puntero, la acodadera, las cuñas, los cupés, el martillo, los escafiladores o los pistolos, entre otras, para el grueso del trabajo y de otras más precisas como la escuadra, para conseguir formas geométricas y remates de bolas, que aún se conservan como parte de la estructura de puertas o vallados. Si la sillería era irregular, la piedra estaba descuadrada y a hueso y tenían  que encajar las formas, se utilizaba un alambre para marcar el contorno. Cuando la piedra se rompía la arreglaban con un pegamento llamado almakarraque, que era un compuesto sintético, al que agregaban los granos de la piedra que se había roto para rellenar los huecos y  pulirlos posteriormente para que la pieza quedara uniforme; también se utilizaba para pegar piedras muy grandes.

Canteras de Hoyo

Las canteras estaban situadas en El Ejido del común y en las fincas de propios de Hoyo de Manzanares. Su titularidad era del Ayuntamiento y este adjudicaba la concesión de la explotación a los solicitantes.

Las canteras tenían su propio nombre, o lo recibían del lugar donde estaban situadas. Así conocemos la del Testerillo  sita en las Colinas, la Praderuela en el monte Ejido nº10, La Colada de las Viñas  en el mismo monte Ejido, La Majada del Romero, el Cancho Agapito, Cancho el Altillo, Cancho las Colmenas, Cancho la Peña el Búho, la cantera de la Cabilda, las de los Cuarteles de Trofa y Berzosa, las de Navallera y Vallelaza.

Los materiales que venían a buscar las empresas eran el pórfido diabásico, para hacer adoquines, tacos, piedra de machaca o grava, y la piedra labrada o granito en todas sus variedades. El granito blanco berroqueño, que es el más abundante en Hoyo, el granito gris, en el Cancho de Agapito, y los más codiciados, el granito amarillo en la Majada del Romero y el granito rosa, del que tan solo había una cantera en explotación en la Praderuela. Apuntan los canteros que para ellos lo más importante fue “la piedra de musgo”.

En el Archivo de Hoyo de Manzanares, encontramos diferentes documentos que atestiguan que  la explotación de las canteras viene de antaño. Los más antiguos datan del siglo XVII, son poderes que daban al alcalde para que fuera a Madrid a pedir que se les eximiese del transporte de la piedra por la falta de carretas en la localidad y porque las que había no estaban preparadas para soportar el peso de la piedra (se usaban para transportar la leña de enebro), o bien para negociar el cobro de la piedra llevada a Madrid para las obras del Puente de Toledo y del Puente de Cantarranas.

En 1918 se registra la adjudicación de las canteras de El Testerillo y las Praderuelas a la empresa Sociedad de Construcciones Hidráulicas y Civiles. En 1933 la concesión pasará a  la Sociedad Española Puricelli S.A. Las canteras de los Cuarteles de Trofa y Berzosa serán explotadas por la  Bilbaína de Firmes Especiales S.A. En ellas se hicieron instalaciones eléctricas para maquinaria, que al finalizar la concesión revertiría a favor del Ayuntamiento y serían ampliadas por los siguientes adjudicatarios. A partir de los años 50 aproximadamente dichas empresas dejaron de operar en Hoyo y las explotaciones se adjudicarán a contratistas particulares o asociados de Hoyo de Manzanares, Colmenar Viejo y Madrid. La última fecha de adjudicación encontrada en el Archivo es 1978, aunque los canteros siguieron explotándolas hasta 1985, cuando se prohibió la extracción de piedra.

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Rueda de molino sin terminar de tallar, abandonada cerca de una cantera en Hoyo de Manzanares. Antonio Tenorio

Como dato curioso, figura anexado al expediente de adjudicación de las canteras de pórfido de “Monte Ejido” y “Colada de las Viñas” en 25 de junio de 1934 y 30 de junio de 1933 (SIC), el siguiente manuscrito:

La empresa Puricelli se ve imposibilitada para efectuar la explotación de la cantera de las Viñas y Monte Egido, porque se ha visto perseguida con saña por la horda Marxista. Considerando: que al haber sido perseguida por la horda marxista no procede hacerle efectivo el canon anual que por dicha explotación venía abonando ni considerar como transcurridas las anualidades a los efectos del periodo de tiempo pactado en la concesión. En su virtud, la Corporación acuerda: Condonar a la  sociedad Española Puericelli el canon devengado por la explotación de la cantera de la colada de las Viñas y Monte Egido, considerarlo como no trancurrido a los efectos de anualidades pactadas en la concesión. Que como compensación a partir de la liberación, por el presente año y por ambas explotaciones se abone la cantidad de 1000 pts y entrar en vigor los contratos en 1º de Enero de 1940.

 28 Ag 1939 ¡Año de la Victoria!

 

Explotación de las canteras

La explotación de las canteras tenía dos vertientes, una para las grandes empresas y otra para los canteros de Hoyo. Las empresas formalizaban un contrato reglado con el Ayuntamiento, declarado en minas, con cláusulas específicas sobre los años de concesión (10 años prorrogables), la cantidad de material que debían extraer, el precio que debían abonar por la concesión, la forma de pago, el compromiso de contratar a los canteros de la localidad y el seguro obligatorio de accidentes, el espacio que debían usar como escombrera y el uso de los caminos marcados para el transporte.

Las empresas solicitaban la explotación de la cantera, pero el espacio no estaba bien delimitado. A veces los límites se excedían y había reclamaciones, como en el caso de Mónico García en 1935. Será en 1953 cuando el Ayuntamiento acuerde hacer una reglamentación adecuada para la explotación de las canteras al sitio del Canchalejo y Navallera, incluyendo la superficie. Así Alejandro Hernán, vecino de Colmenar Viejo, solicita 18.000 m2 en el Canchalejo y en 1963 Bartolomé Sánchez  10.000 m2 en la Praderuela.

Por el contrario, otros muchos canteros trabajaban libre y autónomamente en las canteras o piedras grandes que encontraban en el campo. Comentan Eulogio y Julio que “cada cual elegía la cantera y sin pagar nada al Ayuntamiento la explotaban, tan solo tenían que comunicárselo”. El trabajo se hacía con la familia, por amistad. No facturaban, no tenían seguro de accidentes ni usaban ningún tipo de protección contra el polvo de la cantera, por lo que actualmente algunos canteros están afectados de los pulmones. Los ojos también resultaban afectados, “lo más peligroso eran los trozos de acero que se les incrustaban en el cuerpo. Cuando se clavaban salía un chorro de sangre”, dice Julio. A partir de los años 80 la Ley les obligó a hacerse autónomos.

Las empresas pagaban un canon anual por la concesión, y debían llevar los libros talonarios para las liquidaciones, y entregar en el Ayuntamiento los vales justificativos de los productos extraídos. En el Archivo encontramos los vales detallados de 1935. En 1961 los sacadores de piedra quieren rescindir el contrato con el Ayuntamiento, acordando por unanimidad abaratarlo y establecer el sistema de saca solo por medio de vales, que abonen 10 pts. por vale de camión de mampostería y 25 por camión de piedra de labrar. Comenta Felipe que “sacaban 20 o 30 camiones diarios y que a veces no se declaraban todos los camiones que se habían sacado, para evitar el pago”.

Con la declaración del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares (1985) y la inclusión de Hoyo en el mismo, se prohibió la extracción de piedra y los que se aventuraban eran denunciados, como fue el caso de Eulogio que tiene tres denuncias “porque había que vivir”…

Cuando aquí se acabó el negocio de la saca de piedra, los canteros no cesaron su actividad y fueron a buscarla a otros lugares. De Hoyo de Pinares (Ávila) y de Portugal traían la  piedra de piel de lagarto, de musgo, y aquí se trabajaba en los muchos talleres que había al aire libre. En 1970 Segundo García Blázquez solicita instalar un taller en la Tejera. Comenta Eulogio que “otro estaba situado delante de la iglesia, que entonces no existía, pero había un enorme árbol que daba sombra. Era un taller libre donde trabajaban los que querían, no se necesitaba permiso del Ayuntamiento”. Felipe cuenta que “había otro taller grande, cubierto con lonas, en las Heras”. Otros canteros se aventuraron a ir a Suiza a trabajar la piedra.

El destino de los materiales extraídos en Hoyo fue diverso. A nivel industrial el pórfido y la machaca (grava), se utilizaron para el firme de las carreteras y la piedra de labrar (granito) para la urbanización, más o menos lujosa o funcional, exportándose a otras localidades como Torremolinos, El Escorial, Alpedrete, Villalba y especialmente a Madrid, donde aún quedan ejemplos patentes y perdurables como El Puente de Toledo, el Puente de Cantarranas, la Peana de la Estatua de Felipe III en la Plaza Mayor de Madrid, la parte canalizada del río Manzanares y gran número de casa de lujo.

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Canteros en Hoyo de Manzanares . Colección privada de Felipe Moreno

En Hoyo contamos con numerosos ejemplos en la construcción hechos por canteros locales, como son: la cruz de delante de la antigua Iglesia, hoy Salón de las Cigüeñas, aplicaciones en el polideportivo, fachadas, encimeras, tapas de las piscinas, dinteles, peanas, barandillas y bolas decorativas en casas particulares, impostas y paredes. Como ejemplo aún en pie, la pared de la Berzosa, realizada en los años 60 a hueso y numerosas casas de la localidad que conforman el casco histórico de Hoyo, de las que aún se puede disfrutar.

En la actualidad las exiguas canteras se han reutilizado. Unas por los ganaderos de Hoyo, convirtiéndolas en aprisco para el ganado, caso de la cantera de Navallera; otras dan cobijo a peces, plantas y árboles propios de zonas húmedas, caso de las Viñas, y otras han sido tapadas con escombros para evitar accidentes, caso de las Colinas.

En el paisaje y en el corazón de sus gentes queda plasmado el signo de los cortes en las piedras y el recuerdo de una profesión dura, que amaron. Nuestros canteros hoy luchan porque el oficio que tantos vestigios dejó en Hoyo de Manzanares se mantenga vivo y se difunda .

Agradecimientos

A Felipe, Eulogio y Julio, canteros de Hoyo de Manzanares, memoria viva de lo que fue el oficio de cantero y a los que debo el alma de este trabajo.

A la Asociación El Ponderal, Gonzalo de Luis, Antonio Tenorio, Pilar García, José González y Amaya Rivera. Que son el impulso de mi investigación.

Documentos de archivo

  • Libro de Escrituras Públicas 1673-1708. Pág 2. Archivo de Hoyo de Manzanares
  • Libro de Actas de Sesiones. Archivo Municipal de Hoyo de Manzanares. Años 1918 a 1978
  • Registro de Diego Fernández de Rosales. Índice de Andrés Madridano. Archivo de Hoyo de Manzanares.
  • Amillaramientos de Hoyo de Manzanares. Años 1849 a 1885. Archivo de Hoyo de Manzanares
  • Expedientes de arrendamiento. Años 1933 a 1978.
  • ordá Bordehore, L. La minería de metales en la provincia de Madrid. Tesis Doctoral, Universidad Politécnica de Madrid, 2008
  • Simón, S. Minería en Hoyo de Manzanares, Cancho de las Cruces.
  • Clavero Roda, A. Hoyo de Manzanares en la Historia, Gráficas Alameda, Madrid 2000.
  • Díaz Sánchez, F. Cuadernos de Estudio Nº 26. El Pico San Pedro. Colmenar Viejo.
  • González.J. Flora silvestre de Hoyo de Manzanares. Biblioteca virtual del Real Jardín Botánico de Madrid.